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Los árboles: Una solución natural a la contaminación

Carlos Alberto Gómez

En general, los bosques y los árboles tienen la capacidad de ayudar a reducir los efectos de la contaminación en las ciudades y en las zonas rurales. En las ciudades, el aire suele tener un nivel de contaminación que supera lo permitido y por esa razón, afecta a todos los habitantes y a los ecosistemas. Cuanta menos vegetación tenga una urbe, mayor será la tendencia hacia sentir el efecto que tiene la contaminación y los niveles de calor existentes.

Plantar árboles puede mejorar la calidad del aire, ya que filtraría así gases tóxicos como el dióxido de carbono, el dióxido de nitrógeno y el dióxido de azufre, que se producen por el tráfico y la industria. Además, el cambio climático conduce a olas de calor y malas condiciones del aire, lo que aumenta el riesgo de enfermedades del corazón y los pulmones.

Por esta razón, es importante tomar medidas que ayuden a reducir la contaminación. Se sugiere crear una meta urbana para plantar árboles y arbustos en lugares como parques escolares, estacionamientos, calles, carreteras, hospitales, áreas industriales y alrededor de ríos. Para que esos proyectos funcionen a largo plazo, es necesario elaborar un plan de mantenimiento y seguimiento anual.

En las zonas rurales, la situación también es problemática. Según la FAO, en 2015 el 33% de los suelos del mundo estaban deteriorados por actividades humanas, lo que genera mucho daño con metales pesados. Panamá no es la excepción. Hemos visto cómo los suelos y los ríos se contaminan con sustancias químicas y microorganismos perjudiciales a la salud humana. Cabe recordar que inclusive hay ciertos metales pesados que no se descomponen o degradan con el tiempo los cuales se van acumulando en los organismos vivos hasta causarles serios trastornos y hasta la muerte por bioacumulación.

Una opción económica para eliminar estos metales pesados es la fitorremediación la cual consiste en aprovechar las capacidades de las plantas para estabilizar, metabolizar, acumular, absorber y volatilizar los contaminantes que se encuentran en los suelos y cuerpos de agua (Delgadillo-lópez & González-Ramírez, 2011). Por ejemplo, algunas plantas pueden absorber metales como níquel, plomo, arsénico, zinc, mercurio y cadmio por sus raíces y los acumulan en sus hojas, ramas y troncos. Es importante que las personas y animales no consuman hojas ni frutos de estas plantas en zonas contaminadas. Dicho método se usa con técnicas como el uso de materiales orgánicos y microorganismos como las micorrizas. Al momento de plantar estos árboles es necesario aplicar abonos orgánicos (ej. gallinaza curada) para fortalecer su establecimiento y ayudarlos con hongos micorrízicos que facilitan la absorción de los nutrientes.

Estas técnicas son comunes para manejar la contaminación causada por fertilizantes, minería y terrenos industriales. Otra opción es usar árboles con hierbas perennes que son plantas que viven más de 2 años y tienen la capacidad de retoñar, es decir, no necesitan ser replantadas tales como el vetiver, que son efectivas para eliminar metales pesados. El vetiver posee una alta capacidad de fitorremediación para metales pesados presentes en los suelos y agua, posee un alto umbral toxicológico para diversos metales, tales como el arsénico, níquel y cromo son nueve veces mayor (Chantachon et al., 2003). La habilidad del vetiver para tomar la atrazina del suelo es alta debido a sus características físicas (schwitzguébel, meyer & skidd, 2006; Marcacci et al., 2006).

Se recomienda considerar el uso de ciertas especies de árboles en zonas que guardan riesgo de contaminación con metales pesados, por ejemplo, para eliminar el plomo, se puede usar guácimo, roble y cholo pelao; para el zinc: leucaena y guachapalí; para el níquel: balo y espavé; y para el cadmio: guácimo, guarumo y caoba. Para el arsénico, se pueden usar: eucalipto, acacia mangium, caoba, nim y leucaena. Y para el mercurio: nim, guachapalí y almendro de playa.

Para llevar a cabo estas medidas, se deben hacer análisis de suelos, elegir especies adecuadas, preparar el terreno, plantar y cuidar los árboles. Si se desea, se puede incluir la siembra de vetiver o girasol para aumentar la absorción de metales pesados.

Una vez plantados los árboles, advertir que no deben usarse por la gente que vive cerca de ellos. Además, se requiere crear un plan de seguimiento y evaluación que incluya pruebas en el laboratorio para medir los cambios. Recordemos que este proceso puede tomar varios años para lograr una reducción adecuada de los metales pesados.

 

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El autor es miembro del Colegio de Ingenieros Forestales de Panamá.

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