Lunes, 15, Abr, 10:40 AM

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El término agroforestería se formuló hace más de 40 años con el fin de asociar el componente arbóreo a los sistemas productivos agropecuarios. Hay una gran variedad de árboles que se conservan, se regeneran, se plantan o se manejan en los territorios rurales, y que interactúan con los cultivos anuales, el ganado, la fauna y los seres humanos. El manejo de estos árboles y de sus interacciones directas e indirectas se conoce como agroforestería. Según la FAO, la agricultura familiar es la forma de organización social de la producción agraria más importante del planeta y también la más sostenible. Esta agricultura se caracteriza por el predominio del trabajo familiar, así como por el aprovechamiento en común de los productos generados.

En la última década, la agroforestería ha venido ganando importancia en el debate global sobre el uso sostenible de la tierra, la seguridad alimentaria y la planificación territorial, junto a su creciente impacto en los medios de vida rurales, la conservación de la diversidad forestal y la restauración de tierras degradadas. Por esta razón,  la agroforestería se está integrando en las agendas globales de desarrollo sostenible, biodiversidad y cambio climático en muchos países tropicales.

Existe la urgencia de reconocer la agroforestería como una alternativa  a la mitigación del cambio climático por lo que se requiere de buena voluntad para crear un marco legal e institucional que permita incluirla en la agenda agro-ambiental del país. Esto favorecería su promoción y justificaría la inversión en investigación e innovación para generar evidencias sobre cómo manejar los agro-ecosistemas y el territorio de forma sostenible, garantizando la seguridad alimentaria y la producción de servicios ecosistémicos esenciales para el bienestar de las comunidades locales y sus familias. El reto principal de la integración de la agroforestería en las políticas nacionales es su naturaleza integral de árboles asociados a cultivos y de las múltiples escalas en las cuales podemos entender su implementación desde la finca hasta el paisaje rural.

A nivel institucional, es necesario enfocarse en las buenas prácticas del uso de la tierra para aumentar la productividad de los sistemas tradicionales agropecuarios. Aquí juega un rol clave la institucionalidad para promover un cambio de paradigma. Es imprescindible que el MIDA incluya una nueva Dirección Nacional de Agroforestería Familiar en su organigrama. Es un primer paso. Luego, promover la aprobación de una “Ley de Agroforestería Familiar” que incluya incentivos económicos, extensión, capacitación, investigación y apoyo a la titulación de tierras.

La propuesta de Ley busca recoger los nuevos retos del cambio climático y adecuar las políticas agropecuarias nacionales con una visión sectorial y técnica de la agroforestería familiar y además:

  • Proveer recursos financieros para la promoción de la agroforestería familiar.
  • Eliminar las barreras conceptuales y técnicas que generan brechas en la definición de políticas de fomento a la agroforestería por parte del sector agropecuario.
  • Armonizar los conceptos y las definiciones técnico-operativas de agroforestería familiar utilizadas en el contexto agrícola, forestal, de cambio climático y de diversidad biológica.
  • Consensuar una definición que pueda ser aplicada en las diversas zonas agroecológicas del país considerando la capacidad agrológica de los suelos y que después se pueda aplicar según los beneficios que aporta la agroforestería familiar, para que sirva de sustento a las comunidades rurales con el apoyo de las instituciones que tienen el mandato político de promover las buenas prácticas agro-ambientales.
  • Visibilizar y reconocer las buenas prácticas agroforestales ejecutadas a nivel familiar.
  • Definir políticas para promover su difusión y promoción.

Mejorar la productividad de los suelos agropecuarios y en consecuencia, alcanzar mayores ingresos de las familias rurales.

  • Fomentar la innovación en apoyo a los retos que las familias rurales tienen que enfrentar para su seguridad alimentaria, bienestar y procesos de adaptación al cambio climático.
  • Institucionalizar un espacio político-técnico de articulación entre los actores responsables de la promoción e implementación de la agroforestería familiar.

 

Por: Carlos Gómez – Ing. Forestal

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