Domingo, 26, May, 4:37 AM

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La celebración del “Día de la Tierra” cada año cobra mayor relevancia por los problemas ambientales que aquejan al planeta y que en vez de disminuir, crecen.  En esta ocasión, aprovecho para abordar un tema crucial para el desarrollo sostenible que tanto anhelamos y que se refiere a la planificación del uso del territorio.

Por general, Las ciudades son lugares dinámicos en constante transformación mientras que el campo es menos susceptible a estos cambios sin embargo, su actividad productiva es clave para proveer alimentos y materias primas a la ciudad y también para asegurar el acceso a recursos vitales como el agua y los bienes y servicios ambientales que los ecosistemas forestales nos ofrecen.

Actualmente, el crecimiento económico que ha tenido el país, ha permitido que se desarrollen muchas áreas urbanas pero también, muchas áreas rurales. Esto obviamente, trae beneficios a la población en términos de empleo y mejores condiciones de vida. Sin embargo, cuando esto ocurre sin la debida planificación territorial, esto puede provocar serias distorsiones en la disponibilidad y reserva de recursos naturales como los suelos productivos, bosques y agua. Una herramienta eficaz para planificar el uso adecuado del territorio es el ordenamiento territorial, que se aplica tanto en áreas urbanas como rurales.

Por lo general, los países en desarrollo carecen de estos instrumentos de planificación y por ende, se caracterizan por tener un crecimiento espacial desordenado y lamentablemente, nuestro país no escapa a esta realidad. La planificación territorial, en términos sencillos, se refiere a la ordenación voluntaria del territorio de acuerdo a las capacidades naturales de los ecosistemas de tal forma que su uso no afecte su integridad ambiental actual y futura.

Cada año se observa cómo avanzan los diversos proyectos en zonas rurales cambiando el uso del suelo con impactos negativos en la cobertura boscosa y demás recursos naturales. Un ejemplo crítico es lo que ocurre en la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá. El avance de la urbanización de esta cuenca es muy alto por estar cerca de la urbe metropolitana. Sin embargo, esta cuenca tiene sus limitaciones para albergar este avance urbano. Es urgente establecer un límite administrativo a este crecimiento, de lo contrario, los daños irreversibles ya causados, continuarán a niveles críticos para la convivencia comunitaria.

Igual ocurre en otras áreas del país. Debe establecerse cuanto antes un Plan Nacional de Ordenamiento Territorial para que cada municipio sepa hasta donde pueden dar permisos para diferentes tipos de proyectos, sobre todo ahora que se aprobó la descentralización. La ausencia de una adecuada planificación, puede provocar desequilibrios territoriales que afectan a los recursos naturales y por ende el desarrollo del país. Adicionalmente, todo proceso de ordenamiento debe ser participativo y debe ser flexible para adecuarse a los cambios tecnológicos.

Las autoridades municipales deben saber que el territorio que administran no es solamente un fragmento de naturaleza formada por elementos físicos y ambientales sino también, un espacio determinado por las acciones de distintos actores tanto públicos como privados, donde se produce y distribuye la riqueza que se genera producto del “uso sostenible” de ese territorio.

Cada municipio debe contar con una oficina de ordenamiento territorial que le ayude a planificar el uso de su territorio. Para esto, se establecen categorías de uso del suelo que pueden ir desde uso industrial, residencial, agrícola, pecuario y forestal, entre otros. Es importante considerar que en los planes de manejo de las 52 cuencas del país, se incorpore la planificación del uso del territorio, y por otro lado, que los usos actuales ocurran bajo criterios de sostenibilidad ambiental o llevarlos hacia ese objetivo.

Como resultado de este ordenamiento, evitaremos degradar nuestros recursos naturales, establecer un balance equitativo entre el desarrollo urbano y el rural y contribuir al desarrollo sostenible al que todos aspiramos.


Por: Carlos Gómez – Ing. Forestal

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